Octubre 16, 2019

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Cambio climático devasta los jardines de Versalles: Árboles que se siembran hace 300 años ya no resisten temperaturas Destacado

La propiedad bien cuidada del Palacio de Versalles fue diseñada para un monarca absoluto y resistió la revolución francesa. Pero ahora el cambio climático amenaza su supervivencia.

Los árboles carpe que miran hacia el Gran Canal de la propiedad murieron este verano, y en los jardines Trianon de María Antonieta, las hayas están marchitándose. Lo preocupante es que no solo eran variedades de la época de Luis XIV (1639-1715), sino también nuevas plantaciones con las que se buscaba resistir los efectos del calentamiento global.

"Es desgarrador", aseguró Alain Baraton, jefe de jardineros de Versalles, mientras señalaba los apergaminados carpes y las hojas secas de los otrora exquisitos castaños. "Me veo obligado a abandonar la historia y ser pragmático", dijo.

Es que el tiempo normalmente templado del norte de Europa se está volviendo más cálido y seco, lo que obliga a los jardineros en la unidad de 800 hectáreas del parque a adaptarse.

Los majestuosos olmos, castaños y abedules favorecidos por la realeza francesa están siendo selectivamente reemplazados por especies que tienen más posibilidades de resistir temperaturas más altas, nuevos parásitos y patrones de precipitación más volátiles.

La urgencia de actuar se destacó cuando el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia publicó este martes un modelo climático que mostraba que el mundo se estaba volviendo incluso más caliente de lo esperado.

La mitad de los árboles plantados mueren el primer año

Los árboles son una de las formas más grandes de almacenamiento de carbono de la naturaleza. La Agencia Europea de Medio Ambiente estima que los bosques absorben 13% de todas las emisiones de dióxido de carbono de la Unión Europea. Pero sequías más frecuentes y tormentas cada vez más violentas ponen en riesgo los bosques de la región.

"Los árboles solían tener cientos de años para adaptarse, pero ya no tienen ese tiempo. Y en la naturaleza, si uno no puede adaptarse, muere", recalcó Xavier Bartet, un oficial de la Agencia Nacional Forestal de Francia.

Y los efectos se hacen sentir en toda Europa. Se cree que alrededor de 50 millones de abetos han perecido, con extensos daños a las variedades de alerce, roble, haya y pino, según Gert-Jan Nabuurs, experto forestal de la Universidad de Wageningen en Países Bajos.

Si bien los líderes europeos se han comprometido a actuar, la situación se complica por una desaceleración económica y preocupaciones sobre la financiamiento.

En Alemania, donde una ola de calor de verano amenazó las carreteras y el retroceso del río Rin por poco detiene la navegación por segundo año consecutivo, el Gobierno de la canciller Angela Merkel decidirá este viernes medidas para volver a encauzar sus objetivos climáticos.

No hay una solución fácil. Los esfuerzos para robustecer los bosques incluyen replantar robles turcos en Francia y probar semillas de las zonas más secas del valle central del Loira para los futuros barriles de vino. Pero las medidas fallan.

En Versalles, alrededor de 50% de los nuevos árboles jóvenes mueren en el primer año, y jugar con los ecosistemas locales puede tener efectos perjudiciales sobre las variedades nativas, por lo que grupos como Woodland League de Irlanda buscan detener la introducción de nuevas especies.

"Todo lo que hacemos sigue siendo experimental, y arriesgado", aseguró Brigitte Musch, jefe de investigación sobre cambio climático de la agencia forestal francesa. "Estamos bajo presión para trabajar rápido, por cosas que importan para las generaciones venideras".

El software que podría ayudar

Versalles, que gasta alrededor de 3 millones de euros anuales para mantener sus terrenos, es la élite de los bosques de Europa. Pero los efectos de la escasez de precipitaciones y el calor récord han sido evidentes y, aún más, en parques que no cuentan con tal presupuesto.

Frente al complejo escenario, la agencia forestal de Francia se está asociando con otros países de Europa y Turquía para desarrollar un software que pueda determinar qué variedades tendrán que plantarse en los próximos años.

El software, que está funcionando en el peor de los escenarios con temperaturas veraniegas que aumentan hasta 5,3 grados centígrados (por debajo de las previsiones más recientes), se traducirá al inglés para que sus pares de todo el mundo lo puedan usar.

En Versalles, las pruebas del terreno para el futuro están siendo meticulosamente orquestadas. Se está construyendo una base de datos de su vegetación, sus insectos y sus animales. Los árboles tendrán más espacio para capturar el agua en el suelo y retener la humedad. "En silencio, todo está cambiando", agregó el jardinero jefe.

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